10.03.2010

Un país, dos cosmovisiones

Valeria Zambrano, escribana de la ciudad de Salta, trabaja junto a las comunidades hace más de cuatro años, y es la asesora técnica del INAI en un programa de Relevamiento Técnico Jurídico y Catastral que se lleva a cabo en la provincia norteña para evitar y frenar los desalojos de los habitantes originarios.

Al perder su espacio, ¿que están perdiendo los indígenas?

El concepto que tenemos los occidentales sobre la tierra es totalmente distinto. Lo consideramos como un bien con un determinado valor económico. Para los pueblos oriundos va más allá de eso. El conocimiento, el manejo de la tierra, sus animales y sembradíos son su vida. Al migrar a la ciudad por despojos o desmontes, rompen con sus tradiciones, costumbres y organización, y casi nunca consiguen un trabajo en blanco, digno. Pueden pasar hambre que en sus campos no tuvieron. Migrar significa un terrible desarraigo

¿Hubo avances con respecto al convenio con la OIT que contempla la consulta previa, ya establecida en la constitución nacional, a poblaciones oriundas por el uso de su territorio?
Es un proceso que lleva tiempo. Que se sigue violando es una realidad, pero que las comunidades conozcan sus derechos y los hagan valer ha permitido avances. En Salta, por ejemplo, luego de una protesta por parte de los habitantes indígenas de Nazareno, el gobernador realizó una consulta comunal por el funcionamiento de un hotel en el pueblo. Consiguieron el no, y transformaron el edificio en un albergue para los niños aborígenes de la escuela secundaria.

Los derechos se los da el Estado, pero logros los consiguen solos…

Hay que partir de la base de que, si existen las leyes, no es porque se haya otorgado una concesión. Ellos caminaron y lucharon años para hacerla valer. Hoy a esos esfuerzos se le aúne la voluntad política para que sus facultades sean reconocidas. Hablamos de un reclamo histórico. En la época de Perón con el Malón de la Paz, distintas comunidades viajaron por 4 meses hasta buenos aires para pedir que se los respete.

En el contexto latinoamericano, ¿Cuánto queda por realizar por la pluralidad en nuestro país?

Muchísimo. Nosotros por ahí hablamos de igualdad, pero no existe esa equidad entre los argentinos ni la iniciativa de estudiar e informarse para saber las responsabilidades que uno tiene como ciudadano, que va más allá de votar sino también exigir a los gobernantes. El pueblo Boliviano, por ejemplo, tiene un pasito más adelante en eso. El gobierno de Evo hizo una fuerte política de inclusión. Actualmente su sistema de integración presenta muchísimos problemas, pero lo importante es que está. En cambio, en Argentina falta una aceptación por parte de la sociedad.

Un reconocimiento bien merecido…

Y más en el año del bicentenario, no debemos olvidar la participación que tuvieron los pueblos indígenas en la independencia. Cuando se dice que San Martín cruzó los Andes, no lo hizo con un GPS. Fueron los caciques mapuches que lo guiaron. Y aquí en Salta, los gauchos de Güemes eran del pueblo Calchaquí en una gran mayoría. Comunidades que fueron invisibilizadas.

8.18.2010

Cuando se cruzan Hughes y Wolfe

Wolfe y Hughes describen en sus textos a dos artistas plásticos totalmente diferentes en cuanto a su vida y obra. Pero, entre los dos relatos hay un tópico que ambos críticos no dejaron de lado al observar la repercusión de las obras de sus protagonistas: la apreciación del arte en los ’80 estaba encuadrada por un limitado grupo de personas compuesto por algunos coleccionistas, críticos, galeristas, estudiantes, empresarios y artistas.




























Tom Wolfe encontró a través la vida de Hart que quienes eran conocidos como “los entendidos del arte”, que partían de “el mundo del arte que existía sólo en Nueva York”, intentaron representar un parámetro de qué es arte y qué no lo es. Se basaban con fundamentos vacíos, sin explicación técnica alguna. Opinaban, por ejemplo, que algunas obras tradicionales como la escultura clásica eran “artificiales, falsas y ostentosas” ya que lograban “engañar a la vista” y convencían al espectador que “el bronce o la piedra se habían transformado en carne humana”. Cuando obras del estilo como las de Hart fueron ignoradas por los críticos por más que haya sido trabajada por once años sin que haya utilizado técnicas ahorrativas de tiempo, como usar un molde de yeso, que censuran la imaginación del artista.
En el texto de Hughes, el crítico habla sobre los supuestos “expertos” del arte cuando acepta que en los ’80 su protagonista, Jean-Michel Basquiat, debió convivir con “la promoción del mundo del arte, absurdamente sobrevalorado por los marchantes, coleccionistas, críticos y él mismo”. También remarca como un artista que “jamás dio la impresión que se fuera a convertir en un pintor de auténtica calidad”, haya sido consagrado luego de su muerte por tantos críticos y coleccionistas que toleran que “un nicho en el panteón de los ochenta no depende necesariamente del mérito”.
Ambos escritores descubrieron y gritaron con sus textos el poder que una elite, tan solo “compuesto por unas tres mil personas”, tuvo sobre el trabajo y la carrera de aquellos que quisieron incursionarse en el mundo del arte.


Léase:
"Jean-Michel Basquiat: Réquiem por un peso pluma", A Toda Crítica, Robert Hughes, Ediciones Anagrama, 1996
"El artista invisible", El periodismo canalla y otros artículos, Tom Wolfe, Ediciones B, 2001

7.30.2010

Río Turbio, hacé la cuenta
Agua: 900 litros de agua por día necesita la usina santacruceña de Río Turbio para funcionar.
300 litros de agua consumen los habitantes de la cuenca de Río Turbio.
Cenizas: 36.000 kilos de cal diarios se necesitan para tapar el azufre liberado por la usina, o sea, 60 camiones llenos de cal que los CEOs no contemplaron.
Emisiones de gases tóxicos: las emisiones del óxido de azufre quintuplicarán a las de Botnia. Aunque el gas menos noble en la comparación sería el carbono, que sextuplica las emisiones de la pastera uruguaya.
Tarasca: el gobierno le pagó 142 millones de dólares a la constructora española Isolux antes de la aprobación ambiental de la usina. Hasta hoy recibió 392 millones de dólares, de los 700 millones de dólares estipulados para la finalización de la obra.
Voces: cincuenta fueron las observaciones ambientales hechas a la usina, pero ya cuestan mucha plata atenderlas.
¿No será mucho? Para algunos habitantes del pueblo la usina de carbón es fuente de trabajo, y eso es suficiente. Aunque sin aire ni agua la luz no alcanza para trabajar…

A los de Agua Rica no les vendría mal un poco de matemática
20.000 es la cantidad aproximada de habitantes que en Andalgalá atraviesan una falta de agua contribuida en gran parte por la mina “Bajo Alumbrera” que hace doce años hace uso de sus fuentes y contamina con sus residuos el resto del agua de la cuenca.
6.000 ciudadanos y vecinos de Andalgalá participaron en febrero de este año en manifestaciones en contra del proyecto minero de “Agua Rica” emprendido en el 2005.
300 protestantes fueron reprimidos, sesenta individuos resultaron heridos y detuvieron a cuarenta personas.
Setenta por ciento del futuro yacimiento andalgaleño de Agua Rica pertenece a Billington, empresa dueña de “prácticamente la ciudad de Andalgalá” según la concesión brindada por el gobierno de Catamarca.
Veinticinco por ciento de “Bajo Alumbrera” pertenece a la inglesa Billington, que ambiciona ampliar estas acciones.
390 litros por segundo es la cantidad de agua que el Estado permitió usar dentro del departamento de Andalgalá a la minera “Agua Rica”.
290 litros de agua por segundo es el límite que la empresa prometió extraer de las fuentes hídricas andalgaleñas.
290 litros de agua potable por segundo representan en un día lo que 432.000 personas requieren para cubrir sus necesidades básicas.Hay cuentas que no cierran. Tal vez por eso algunos se fueron a Catamarca…
Tentempiés:
http://www.prensaelalgarrobo.blogspot.com/
http://andalgalaresiste.blogspot.com/

4.22.2010

Otro premio cinematográfico para la colección de González-Rubio

La película mejicana Alamar se consagró este año como ganadora de la Selección Oficial de cine internacional en la entrega de premios del festival BAFICI de la Ciudad de Buenos Aires, donde compitió con largometrajes como la italiana La Bocca del Lupo, las argentinas Lo Que Más Quiero y Centro, la francesa Les Beaux Gosses, la singapurense Red Dragonflyes, y las estadounidenses Putty Hill y Bummer Summer, entre otras.
Pedro González-Rubio, director del film vencedor, logró con su creación seducir a los jueces del festival principalmente con la elección de uno de los lugares más puros de Méjico con el cual expuso una relación padre e hijo novata y simple, sin idear una trama muy rebuscada. En la película se conjuga la obtención de necesidades básicas del ser humano como lo son la alimentación, vivienda, y el aprendizaje tanto del hijo como del padre, captándolas en un territorio alejado de la gran ciudad, en el cual sobreviven con las herramientas más primordiales de la naturaleza para valorarlas de una forma que es difícil de encontrar en la sociedad de hoy en día.
Es así como Jorge Machado, un hombre separado que realiza un viaje con su hijo Natan, elige minuciosamente para la travesía uno de los lugares con los cuales más se mimetiza, la ciudad Banco Chinchorro, de donde es oriundo y donde se encuentra la segunda reserva coralina mundial con un ecosistema absolutamente ileso. Durante el viaje, el niño, quien según lo pautado se irá a vivir a Roma con su madre italiana al volver de Chinchorro, conoce un mundo ancestral y profundiza la relación que tiene con su papá.
No es la primera vez que Alamar atrapa al jurado de un festival de cine internacional. También lo logró, entre otras ocasiones, en el reciente XXVIII Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay en el cual ganó entre más de doscientas películas de treinta países. Esta vez González-Rubio logró destacarse entre las diecinueve películas que participaban en la terna internacional del BAFICI, con una historia familiar que muestra uno de los lugares más místicos de Méjico.

2.21.2010

Un cambio radical por amor a la tierra

Descalzo, con mate en mano y con pasión, Carlos explica a quién se lo pida cada uno de los proyectos de infraestructura que planean para distintos sectores de la ecoaldea. El ingeniero en sistemas de Velatropa, relata con el mismo entusiasmo con el que expone los planes de los aldeanos, las experiencias que tuvo a lo largo de su vida para llegar a este refugio de Ciudad Universitaria.
Carlos tiene 27 años y nació en Bogotá, pero vivió toda su vida en Ibagué, una ciudad que queda a tres horas de la capital colombiana. Comenzó varias carreras universitarias y luego de tres intentos de ingresar a la universidad de Ibagué logró hacerlo y empezó sus estudios de ingeniería en sistemas.

El colombiano se destacó entre sus compañeros, y así fue como se le presentó una oportunidad laboral en una petrolera, que más adelante marcaría su vida. Los directivos de la empresa colombiana ECOPETROL le ofrecieron al recién graduado un puesto como ingeniero, en el cuál realizó diversas funciones.
Sumergido en el inmenso mundo de esta empresa petrolífera, Carlos realizó su trabajo con destreza hasta darse cuenta de algunas actividades irregulares que la compañía llevaba a cabo. Hundido profundamente en su trabajo no podía ver como la empresa realizaba violaciones a tantos parámetros legales, violentando y destruyendo reservas naturales, con el único fin de lucrar la mayor cantidad de dinero posible. Luego de uno de los viajes que hizo por cuestiones de trabajo, en donde llegó a tener un mayor contacto con los ciudadanos del pueblo al que visitó, Carlos notó un cambio en su forma de ver el accionar de ECOPETROL.
Ni bien se dio cuenta de los frutos, no tan sanos, de su trabajo en la petrolera, presentó su renuncia y comenzó a viajar por todo el continente. Convivió con diferentes comunidades nativas, como los Chocón del pacífico colombiano, los Matmacú del Amazonas, y los Koguis y los Arhuacos del parque nacional colombiano de Sierra Nevada de Santa Marta, colaborando y aprendiendo en el tiempo que pasó con cada uno de ellos. Luego de conocer distintos lugares de Latinoamérica, llegó a la Argentina, donde conoció Velatropa por una de las fiestas que se realizaron allí, hace aproximadamente un año.
Carlos vive en la ecoaldea hace seis meses y se encarga del estudio de diferentes actividades que van a desarrollar. No obstante, es una comunidad donde todos colaboran en cualquiera de las actividades, con lo cuál no se puede clasificar la función que un individuo realiza ahí. El último proyecto de la comunidad en el cual trabajó, fue en el sistema de riego por goteo que los aldeanos implementaron para la huerta de Velatropa.

2.17.2010

¿Y por qué no, Tío Sam?

La Embajada estadounidense en Argentina está ubicada en el barrio porteño de Palermo, entre dos de las avenidas más concurridas de la ciudad. Estas vías son la avenida Santa Fe y la avenida Del Libertador. Aquellos que intenten divisarla por Santa Fe, no lo lograrán ya que la Sociedad Rural Argentina obstruye su vista. Al igual que lo hace la plaza Intendente Francisco Seeber con su arboleda, para aquellos que quieran verla desde la avenida Del Libertador. Así es como la estructura de la ciudad coopera con los carteles colgados a lo largo de la reja que encierra a la embajada, que indican: “Prohibido fotografiar, Propiedad Privada”.
Obtener información en la embajada estadounidense sobre el país, sus habitantes y sus visitantes es también complejo ya que aparentemente para lo único que el consulado recibe a civiles de las demás nacionalidades, y también de la propia, es para asuntos de documentación. De ser el propósito del visitante, por ejemplo, una búsqueda de información sobre visados y acuerdos históricos consulares con otros países, un ser situado detrás del vidrio espejado en la entrada de la embajada recibe al civil y se crea así una cadena de desencuentros a la que podríamos llamar el cuento del tío Sam. La persona misteriosa otorga un número de teléfono para llamar a su departamento de envíos y logística (DHL express). Vale aclarar que esta empresa es la proveedora de documentos que utiliza Estados Unidos para la entrega de las visas de su país en el resto del mundo. Luego de llamar a DHL lo pondrán en otra línea para hablar con otro individuo del recinto que le dará un nuevo número telefónico. Quien atiende esta vez, lo comunicará con otro recepcionista que le dará una dirección de mail, quien, sin siquiera haber hecho pregunta alguna, le dirá que no puede entregar “la información que está solicitando” por “políticas internas a nivel internacional que tiene DHL Express”, no la embajada de Estados Unidos.


























La evasión de respuestas por parte del consulado estadounidense la experimentan muchos argentinos a quienes le rechazan la visa de ingreso al país. Territorio que visitan 220.000 argentinos cada 240.000 yanquis que visitan la Argentina según estadísticas del 2009 subministradas por el ministerio del interior.
Lucía Tanoue, de 22 años, estudiante de arquitectura de la UBA y de fotografía en un terciario privado, se dirigió en el mes de abril del año pasado a la embajada de Estados Unidos con sus respectivos certificados de alumna regular para solicitar la visa. Su solicitud fue rechazada. El cónsul con el que le tocó tratar a Lucía, quien ni siquiera le pidió sus papeles de estudio, le entregó a la joven una lista de “posibles” razones por las cuales no le entregaron la visa, y la única contestación que le dieron personalmente fue que “las leyes norteamericanas son muy estrictas”.
Un caso que se trató en los medios hace cinco años fue la cancelación y la negación de la renovación de la visa del periodista y comediante Fernando Peña. El destacado entrevistador era portador de HIV, trabajó para los Estados Unidos por mucho tiempo, tenía a su hermano y sobrinos viviendo en ese país, estuvo allá en el 2004 para hacer los premios MTV y necesitaba viajar nuevamente para presenciar el casamiento de su hermano. "Una brutalidad además fueron las dos horas y media de espera para contestarme que no podía ingresar con HIV”, declaró Peña.
Los rechazos de la visa a los ciudadanos argentinos no son nada reciente, sino una realidad que posiblemente se potenció luego del aumento del control de ingreso a extranjeros posterior al derrumbe de las Torres Gemelas en el 2001. Hace 21 años a Diego Martín, automotor y colocador de alarmas, tampoco le otorgaron la visa para ir a Estados Unidos por una confusión que el personal de la embajada no le dejó aclarar. El malentendido se produjo cuando llamaron a la oficina de Martín, la casa de su socio, donde les atendió un familiar de su compañero que estaba alojándose allí por unos días y no lo conocía. Los investigadores de la embajada asumieron que el joven
de 34 años había mentido sobre su situación laboral, le dijeron que no volviera porque lo iban “a sacar con los marines”, lo consideraron persona non grata, le sellaron el pasaporte, y, obviamente, le negaron la visa para visitar el país.
Internacionalmente, las únicas naciones que están exentas de necesitar una visa para ingresar al territorio estadounidense son 35 de los 241 países que existen, exceptuando a Canadá, donde sus ciudadanos sólo requieren de una identificación personal que reconozca su ciudadanía para poder ingresar a los Estados Unidos. Entre ellas se encuentran Australia, Corea del Sur, Andorra y algunos países europeos como Francia, Reino Unido, España e Italia. Sin embargo, el no necesitar de las visas se debe a que forman parte de un sistema llamado Visa Wavier Program, donde requieren de una autorización electrónica que se le pide a los directivos estadounidenses desde su país y en el caso de ser aceptados deben mostrar el certificado en el aeropuerto de Obamalandia.
En 1994 Argentina entró en el Visa Wavier Program, pero fue expulsada en 2002 porque superó el límite de turistas que excedían el plazo de tres meses de estadía en Estados Unidos permitido por el programa.
El Poder Ejecutivo argentino aprobó en febrero del año pasado, para equiparar costos de viaje, el proyecto de decreto sobre las tasas de reciprocidad presentado por el director Nacional de Migraciones, Martín A. Arias Duval. El nuevo sistema, llevado a cabo también por Chile y Brasil sin demostrar bajas en el turismo, consiste en cobrarle al turista en el aeropuerto un valor similar a lo que le sale a un argentino sacar la visa de su país. Sin embargo, a diferencia de Chile y Brasil, el Estado argentino no solicitará visa para estos turistas, sólo un arancel. El dinero recaudado con las tasa de reciprocidad será destinado a una cuenta en el Banco Nación para mejoras en la infraestructura de los pasos fronterizos del país. Arias Duval recalcó que “no pedirles visa nos da un argumento más para seguir reclamando”. Afortunadamente este tipo de reclamos no se hacen a través de la ventanilla del consulado estadounidense.